04 Qué es la apertura
Tratemos exactamente qué es este principio, y, por consiguiente, qué no es.
La apertura real
Considere: ¿A qué nos referimos cuando decimos que una persona es abierta? Ciertamente, existe cierta disposición a mostrarse tal como es, una sensación de vulnerabilidad inherente y a la vez una experiencia más genuina, de alguna manera más cerca a nuestro “yo real.” A menudo, es una experiencia liviana, auténtica. No tiene nada de espurio ni artificial en la apertura en sí, ya que realmente no hay nada ahí; no es el llenarse de algo, o la ausencia de algo --- es ser abierto, completamente dispuesto y en un estado de mente emocionalmente receptivo. Suele ser algo que nos trae, y a la vez nos asusta. No sabemos qué pasará, y reduce nuestra certeza respecto a la vida y a nuestra experiencia. Esto puede mostrarse como la ausencia de terreno sólido, sin nada a lo que aferrarse. Dependiendo de nuestra práctica y costumbre, puede que directamente evitemos algo así.
Alinearse con semejante principio nos permite aprender e interactuar de forma más auténtica, efectiva y presente. Lo que antes era un proceso mecánico de actuar según patrones habituales se convierte en un encuentro “fresco” con lo que sea que nos encontremos. No sabemos, lo que nos permite ver más allá de nuestro “conocimiento” convencional de las cosas.
¿Pero qué es la experiencia de este principio en sí?
La apertura da lugar al aprendizaje. Es de hecho un aspecto intrínseco de éste. Cada vez que tú y yo aprendemos algo, el principio de la amplitud ha estado operativo.
El grado con el que la apertura está operativa es el grado en el que el aprendizaje puede ocurrir de manera poderosa. El grado de tu receptividad posibilita el aprendizaje profundo. Cuanto más dejas que este principio domine tu vida, junto con el de la toma a tierra, más empiezas a darte cuenta de que no sabes qué es nada.
La curiosidad alimenta tu investigación. Se abren puertas de las que no habrías considerado hasta ahora. La vida se convierte en un misterio a contemplar en lugar de una carga que soportar y manejar.
La apertura se basa en el no-saber. Requiere reconocer que lo que se piensa sobre algo no es la historia completa. Requiere reconocer que hay más que descubrir. Demanda estar abierto a lo que sea verdad independientemente de preferencias, deseos y necesidades personales. Es estar abierto a la verdad, sea la que sea.
La apertura no justifica abandonar la razón, el sentido común o una perspectiva inteligente acorde con el contexto de una situación, circunstancia o evento.
El principio llamado permitir o permisividad, cuando es experimentado, requiere aceptar lo que surja en tu experiencia sin reserva ni resistencia y dejarlo estar tal y como es.
Esto no significa reaccionar a ello ni estar a su efecto, sino crear espacio para que surja de forma desinhibida. Una vez lo experimentas, el principio de la permisividad demanda reconocer la presencia completa de ello --- pensamiento, sentimiento, emoción ---, es decir, experimentarlo sin ignorarlo, suprimirlo o esconderlo, las cuales son formas de pretender que no está ahí.
Al permitir que tu experiencia sea como es, contemplarla es posible, y en consiguiente la posibilidad de liberarte de lo que te atrapa. Es decir, verlo, reconocerlo, entenderlo y en ultima instancia dejarlo ir, ya que tu experiencia es cambiante y dinámica. De lo contrario, ello no se dejará ir del todo.
Permitirte experimentarlo posibilita entenderlo y trascenderlo.
Permitir es crear el espacio necesario para aceptar lo que experimentas, sea lo que sea. Con un contexto de amplitud, de posibilidad, ello puede experimentarse de por sí.
Permitir es, analógicamente, decir sí a la vida. Demanda coraje para afrontar tu vida y tu experiencia, y honestidad sobre ella. Ya sea nuestro sujeto otra persona, disfrute, aburrimiento, dolor, un objeto, amor o incertidumbre, dejarlos estar cambia nuestra relación hacia ellos, pudiendo cuestionarlos por lo que son, incrementar nuestra conciencia en la materia, y ser capaces de soltarlos a la vez que generarlos.
Ser receptivos abre la posibilidad a entender lo que se experimenta, siendo capaces de generarlo sin estar a su efecto.
Permitir nos permite ser efectivos e incrementar nuestra vitalidad. Nos abrimos a nuestra experiencia en lugar de rechazarla, ya sea brusca o sutilmente. Esto incrementa nuestra sensación de asombro, y nos ayuda a preguntarnos qué lo que tenemos enfrente. Permitir recontextualiza nuestra experiencia; en lugar de estar al efecto de la vida y tratarla como una lucha, se convierte en una materia a ser contemplada.